Hacer un trío no es abrir la relación

O no necesariamente… Digo, ya si les latió la experiencia a las tres partes involucradas, y quieren repetir, o se animan a continuar compartiendo espacios, eróticos y/o afectivos, pues adelante, pero no necesariamente una experiencia sexual compartida como lo es un trío, significa que “lo que sigue” o “lo que se busca” es la apertura de una relación en todos los demás espacios compartidos. No, un trío tampoco es la antesala del poliamor.

 

Y esto, si partimos de la idea de que, para hacer un trío, toca armarlo entre una pareja que se encuentra “en relación” y alguien más; cuando la realidad es que para armar un trío -hablando de un encuentro sexual, no musical o de otro tipo- solo se requiere de la voluntad, consentimiento, interés y deseo de tres personas (preferentemente adultas, si me permiten agregar); y para que sea ideal, merece la pena invitar al kit de protección: condones, lubricante y (sí, va de nuevo) consentimiento sexual.

 

Pero bueno, regresando a la idea de que hablamos de una relación de pareja, digamos, una típica pareja monógama y con exclusividad afectiva y sexual, podría “coquetear” con la idea de vivir la experiencia sexual compartida de hacer un trío sexual, y nada más. O, por otro lado, podrían también permitirse vivir esta experiencia, con la intención de, a partir de ahí, abrirse a explorar con otras personas, en pareja o cada quien por su lado. Y eso sí sería ir encaminándose hacia abrir la relación, al menos en el terreno de lo sexual.

 

Pero volvamos a nuestra historia. Aquí lo importante es identificar qué es lo que cada quién desea, y cómo lo desea, pero, sobre todo, desde dónde está planteando lo que desea. Por ejemplo, no es lo mismo proponer o acceder a un trío solo por “complacer” a la pareja, porque “es su cumple” o en un intento “desesperado” de “salvar” una relación ya muy deteriorada y poco saludable; que animarse a vivir esta experiencia porque resulta que comparten esta fantasía sexual, porque se quieren sentir “cómplices” en la vivencia erótica compartida con alguien más, porque quieren expandir los horizontes de su erotismo, de su comunicación, como “desbloqueando” otro nivel de intimidad y de disfrute.

 

Vámonos paso a pasito

 

Por todo lo antes mencionado, un primer paso es precisamente romper el silencioso tabú que nos impide hablar con la pareja sobre nuestras fantasías sexuales, sobre lo que nos llama la atención o “se nos antoja” probar. Y poder hacerlo sin que surja un “pero, ¿cómo? ¿ya no me quieres?, o ¿ya no te soy suficiente?, ¿no te satisface lo que yo te doy?”, todas estas ideas que nada tienen que ver con las fantasías que la otra persona está compartiendo, y que todo tienen que ver con ideas románticas (bastante prejuiciosas, ¿no?) de que el placer está condicionado al afecto. Y pues, no.

 

Y si resulta que comparten la bonita fantasía sexual de hacer un trío, hablen más al respecto: ¿qué les llama la atención sobre la experiencia? ¿cómo la imaginan disfrutable? ¿qué sí y qué no les parecería cómodo experimentar? ¿qué cosas consideran importantes platicar más -tipo, qué nos daría “miedito”, qué creen que sería un “apagón” del deseo en ese momento? En fin, hablar nos puede dar luz para mirar con mayor claridad qué pasos seguirían, si se van animando a vivir la experiencia, o en su defecto, qué cosas tocaría seguir conversando, trabajando, sobre qué tendrían que seguir informándose, etc.

 

Un buen ejercicio, precisamente pensando en ir “paso a pasito”, es ir descubriendo cómo nos sentimos al ver la “participación” de “otros factores” igualmente estimulantes y que favorezcan el placer sexual de nuestra pareja, o de ambas partes, como lo son los juguetes sexuales (los hay para compartir, y para estimulación individual). Esto puede permitirles ver cómo se sienten en una dinámica sexual nueva compartida, identificar si hay ideas limitantes por ahí que tengan que revisarse (por ejemplo, si te molesta o “amenaza” que tu pareja disfrute con un aparato de silicón, pues, hay que checar si “todo bien en casita”, ¿no?) y así, moverse hacia conectar con la idea de que “lo rico”, “lo disfrutable”, no es lo que “YO le hago sentir” a mi pareja, sino lo que mi pareja logra sentir y disfrutar, y el ser parte de esa experiencia en conjunto. Se trata de construir una conexión tan grande, que va más allá del quién hace qué.

Dejar un comentario

Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados